martes, mayo 18
Hace muchos días que no he vuelto a tí, diario.
El viaje hasta París ha sido muy relajado y hemos podido descansar bastante.
Al llegar a la casa de la Sociedad Enigma hemos quedado con Lord Cornwallis para que se encontrase con Marcus van Campen.
Aparece al cabo de poco tiempo, con el brazo en cabrestillo; parece ser que Aranzadi y él se enzarzaron en un duelo y resultó malherido. El encuentro es emotivo entre ellos. Ambos nos quedan muy agradecidos por todas las molestias y penurias que hemos pasados.
Después de una cena, Lord Cornwallis nos entrega un cheque por 2.000 libras, en lo que él dice es una donación por las molestias, luego de correr con los gastos que nos ha ocasionado todo el rescate de van Campen.
Marcus van Campen también se muestra muy agradecido, dejándonos como regalo para la Sociedad la daga ceremonial que llevaba clavada cuando lo rescatamos.
Es el primero de los muchos trofeos que pensamos dar a la Sociedad.
La primera de las aventuras ha acabado bien, con muchos recuerdos y con un Lord Brian Vance más fuerte y más curtido. Casi no me reconozco en el espejo del color que he cogido con tantos días en Egipto y el mar.
Ahora descansaré unos días.
lunes, mayo 3
Escribo esto un barco de línea, camino de Marsella, con un acompañante más.
Pero no quiero adelantar acontecimientos. Prefiero escribirlo todo de manera secuencial, tal y como pasó. Este día lo recordaré durante, espero, mucho tiempo.
Por la mañana, después de despedirnos de las sacerdotisas y de recoger el campamento que montamos en la orilla, nos volvemos a subir en la barcaza. Alí dice que no cree que nos lleven mucha ventaja, ya que los de la Mano de Apofis tenían previsto realizar el sacrificio en la noche de hoy (no sé porqué rara situación astrológica que no conozco; supersticiones egipcias más bien).
A mediodía Alí nos acerca a la orilla y nos dice que a partir de ahí tenemos que continuar solos. Él nos esperará con la barcaza en ese lugar hasta el anochecer. Si no aparecemos se irá río abajo a avisar a las sacerdotisas e intentará regresar para ayudar.
Nos señala una dirección y dice que a medio kilómetro se encuentra el templo.
Después de 15 minutos de andar en medio de las dunas de arena no vemos ni rastro del edificio. Extrañados damos diversas vueltas en círculo por la zona.
En un momento dado me parece ver algo raro: como si el aire ondulase por el efecto de un espejismo, pero tampoco estoy seguro. Cojo una moneda de mi bolsillo y la lanzo en el aire, hacia donde he visto la perturbación. ¡La moneda desaparece!
Me lanzo detrás y voy a parar a una especie de entrada de piedra, fresca y en penumbra. Me vuelvo para decirles que lo he encontrado pero han desaparecido. Les grito pero nada. Así que comienzo a tirarles piedrecitas hasta que una me es devuelta, rebotando en mi frente.
Una vez todos reunidos le dejo la funda del estoque a Wallace, que al ser el ingeniero creemos será el mejor para ver si hay trampas.
Maldita la hora en la que le dimos esa responsabilidad. Casi quedamos atrapados entre dos losas que cayeron en vertical en una de las zonas del templo. Menos mal que estaba atento a posibles fallos y logro poner un pedrusco en el quicio antes de que se cierre.
Seguimos avanzando y llegamos a un pozo de unos cinco metros. Mars se adelanta a nuestras posibles advertencias de precaución y salta los escasos tres metros que separan unalado del otro. Al aterrizar se oye un crack y vemos como diversos objetos salen de las pareces hacia nosotros, disparados. Recibo un impacto en el hombre; una flecha se me ha intentado clavar con tan buena suerte que me ha rebotado en el hueso. El que no ha tenido tanta suerte ha sido Wallace, que queda malherido en el suelo... Lo arrastramos hasta la salida y lo dejamos allí.
Volvemos sobre nuestros pasos y logramos cruazar todos sin más incidentes. Rudder se adelanta, arrastrándose por el suelo. Al fondo hay lices y comienzan a oírse unos cánticos. Salimos a una sala con muchos nichos; las voces provienen de la izquierda. Avanzamos, con Mars delanta. Llegamos a la mirdad de la sala cuando salen tres personas de uno de los nichos de la derecha, lanzados contra nosotros. Instintivamente desenfundo la pistola y hago fuego, matando a uno de ellos. El disparo resuena por toda la sala. Los otros dos mueren por disparos de algunos de mis compañeros, pero no sé de quienes ya que estoy pendiende de que las otras dos salas salen cuatro bultos más.
La adrenalina corre, disparamos otra andanada, con el resultado de que caen al suelo dos más. Mars logra avanzar hasta el nicho del que siguen oyéndose los cánticos, aunque la puerta está cerrándose rápidamente. Chavalier salta y logra atraparla antes de que termine de cerrarse del todo.
Todos ayudamos a abrirla. Cuando logramos pasar todos detrás de la puerta vemos una sala llena de sectarios, con alguien vestido más ostentosamente delante de un altar en el que descansa un cuerpo. Chavalier levanta su arma lentamente y dispara sin pensárselo demasiado, acertando al sacerdote entre ceja y ceja. Éste cae con una daga ceremonial en ristre sobre el cuerpo de Marcus van Campen, que no se mueve. Nos acercamos rápidamente al altar para recoger a Marcus, mientras los sectarios huyen en desbandada por donde hemos venido y por otra puerta al fondo de la sala. Detrás del altar está el sarcófago qeu veníamos persiguiendo desde París, abierto.
Soy el primero en llegar hasta Marcus, que está atado. Rasgándome una de las perneras del pantalón le restaño la herida como puedo mientras grito que me ayuden a desatarlo para poder llevárnoslo de ahí. Rushir coge una de las antorchas de las columnas y la lanza dentro del sarcófago.
Una potente oleada de magia nos sacude y nos lanza al suelo.
Lo que hubiese dentro se levanta en llamas, dando vueltas mientras grita.
El suelo, las paredes y el techo comienzan a temblar, como si todo se fuese a venir abajo. Corremos como podemos, yo con Marcus a las espaldas, casi sin notar su peso, en una explosión de adrenalina.
Todo parece desmoronarse como un castillo de naipes. Una vez fuera y antes de que todo se calme vemos que Wallace está al fondo del pasillo: el muy inconsciente ha vuelto a entrar y ahora está medio atrapado, arrastrándose y sin fuerzas.
Corro hacia él y me lo cargo al hombro. Justo cuando todo se nos viene encima salto, sacando fuerzas de no sé donde para ponernos a salvo. Rodamos por el suelo, mientras el templo termina por desmoronarse. Estamos magullados y llenos de polvo y arena.
Nos arrastramos hacia el río, hasta la barcaza de Alí.
Allí y después de ser curados en el Templo de Isis, Campen nos cuenta que no esperaba que Lord Cornwallis le ayudase.
Nos agradece que lo hayamos salvado.
Volvemos río abajo sin problemas, primero a el Cairo y luego a Alejandría.
Allí vemos que la carrera entre dirigible y coches que dejamos atrás en Constantinopla acaba de llegar (mentalmente doy gracias por no haber caído en las exigencias de Rudder de acompañar a Nicolette y Lady Ann en esa absurda carrera).
el escritor
inglés de pura cepa | elegante | con pelo blanco y largo | un paraguas, un monóculo y un cigarro son compañeros inseparables | es observador | su vicio es fumar en todo momento | odia la ignorancia y la falta de educación | valora por encima de todo el honor | le encantan las mujeres y los buenos libros | su posesión más preciada es su biblioteca privada | es muy inteligente y educado | ha estado casado dos veces | está desencantado de la vida y quiere conocer mundo
entradas antiguas
la Sociedad Enigma
Jean Philip Mars, explorador y socio principal
Francis Rudder, marino libidinoso
Rushil, hindú maleducado
Bruce Wallace, ingeniero con pocas ideas
Jean Philip Chavalier, noble ilustrado
Berhn von Grünewall, bávaro misterioso
créditos
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