viernes, abril 30
Todo está sucediendo muy deprisa. Quizá demasiado.
Llevamos buen ritmo, más del que el viento permitiría a la barcaza (algún tipo de hechizo lanzado por Ali y su nieto), pero después de estar todo el día remontando el Nilo, bajo un sol abrasador, sin nada que hacer y poco espacio para movernos, se nos acercan varios barcos con 5 o 6 personas en su interior.
Pescadores, pensamos. Pero al rato vemos que no pescan y que cada vez se acercan más. Ante los gritos de Ali de "Apofis, Apofis, disparen", sacamos nuestros revólveres y disparamos antes de que logren abordarnos. Yo logro abatir a dos de ellos y mis compañeros también, ya que diversos hombres caen al río donde son devorados en segundos por una docena de cocodrilos.
¡Santo dios! El río está teñido de rojo, como dice la Biblio cuando las plagas de Moisés.
Mars grita que nos tiremos al suelo, para que no nos lancen por la borda en el momento de abordar. Ellos van con sables. Tumbado en el suelo, boca arriba, saco mi estoque de su funda en forma de bastón y pincho a uno que se abalanzaba sobre mí. Ruedo y finto a otro, penetrando su caja torácica con elegancia. Pongo un pie en su estómago y lo empujo al agua donde se hunde en medio de un surtidor de burbujas rojizas.
La lucha se sucede... pero al final logramos matarlos a todos. Dos más han caido bajo mi estoque.
Y ahí es cuando el piojoso, Rushir, casi nos condena a una muerte segura. Ha retenido a uno de ellos con la intención de interrogarlo, sin percatarse de que no está tan herido como parece. El egipcio se levanta como un rayo y se lanza al agua, no sin antes agarrar al indio y zambuyéndolo también.
Sin pensarlo, salto en pos de ellos y cogiéndolo de la barba lo arrastro otra vez a la barcaza (que casi nos tira a todos al agua) antes de que los cocodrilos, ahítos de carne nativa, intenten probar carne extranjera.
No sé porqué lo he hecho. Nadie parecía dispuesto. Rushir me lo agradece pero lo despido con un gesto, como diciéndole que no es digno de darme gracias por nada. Quizá no debería haber sido mi reacción pero sus ansias de agradar me ponen algo enfermo.
Al anochecer saltamos a la orilla oeste. Plantamos unas tiendas, mientras Mars se planta en medio del campamento, recitando una letanía extraña. A nuestras preguntas, Alí responde que es un ensalmo de protección y que no nos hará falta ya que el conoce un sitio donde podremos descansar mejor. Nos pide que le acompañemos. Después de diversas discusiones sobre la ideonidad de hacerlo, se decide seguirlo sin desmontar las tiendas por si hay que volver.
En el camino Alí nos cuenta que es un Templo de la Hermandad de Isis y que debemos ser muy educados con ellas. Resulta que todos sus habitantes son mujeres. Arrastramos por el camino lo mejor que podemos a Rudder, que fue herido de gravedad en la barcaza.
Una vez dentro, las sacerdotisas nos dan la bienvenida y curan a Rudder.
Después de cenar una frutas (nada de carne) la suma sacerdotisas nos cuenta que Apofis es un antiguo dios egipcio, representado por una serpiente, que cada cada atardeer se come el sol: la representación del mal.
Con relatos parecidos me dispongo a terminar de escribir esto. Ruego no ener pesadillas esta noche.
Escribo esto en una barcaza, mientras remontamos el Nilo.
La noche ha tenido diversos resultados inesperados.
Primeramente nos reunimos para cenar con Belzoni. Hablamos de lo que habíamos venido a hacer aquí y le pedimos su ayuda y consejo.
- Nos relata que Amenophis IV "tenía" don tumbas diferente, una saqueada (que es la que descubrió Lafayette) y la otra aún sin abrir, intacta. Se supone que hacia ahí se dirigen los de la Mano de Apofis (los secuestradores de Marcus).
- Conocía a LaFayette y lo consideraba un advenedizo que sólo quería notoriedad. No le sorprende su muerte y la achaca a la Mano de Apofis.
- Nos promete salir a mediodía para comprar en su nombre aunque para nosotros un transporte hasta la tumba.
Sin embargo, al subir a nuestras habitaciones, Rudder oye ruidos en una de las habitaciones. Al entrar vemos a una persona vestida al modo tradicional egipcio que con las manos levantadas nos dice que está ahí para ayudarnos.
Después de varias preguntas y contestaciones por ambas partes, accedemos a confiar en él.
Nos cuenta que la Mano de Apofis quiere sacrificar a un mago, que en este caso es Marcus van Campen, para resucitar al sacerdote de Apofis. Hay que recuperar el sarcófago y rescatar a Marcus antes de que lo sacrifiquen en el altar.
Quedamos para antes del amanecer en el puerto, donde nos esperará su nieto.
Me visto con mis ropas de explorador afrikan, impoluto y planchado. Empaquetamos lo poco que hemos traido y cargo las pistolas que compramos en Constantinopla. El final del viaje se acerca y por lo que parece estos sectarios que perseguimos son peligrosos.
jueves, abril 29
Algo hemos comido en mal estado. Todos estamos con malestar en el estómago y con vómitos.
Además, yo tengo fuertes diarreas. Salimos para conseguir retrasar la salida y vemos que la gente nos rehuye. No logramos encontrar al capitán de la barcaza. Esto huele mal; creemos que nos han envenenado o algo parecido.
A la vuelta al hotel vemos que en recepción ha aparecido un europeo, seguido de montones de porteadores con equipajes de exploración. Se trata de Giovanni Belzoni. Mars se acerca a él y logra quedar con él esta noche.
Será nuestro último cartucho para conseguir salir de Alejandría.
La noche la hemos pasado pensando cómo podemos conseguir que alguien nos alquile o venda el material necesario para la expedición.
Decidimos que Mars, Chavalier, Rudder y yo nos disfracemos de musulmanes... Conseguimos convencer a uno de los empleados del hotel, que nos mira con cara rara. Nos ponemos las ropas y nos ocultamos trás uan capa de suciedad, aún a pesar de mis protestas airadas. Todo sea por conseguir alcanzar el barco de los secuestradores. Ya nos sacan demasiada ventaja.
Conseguimos hablar con la persona que nos dijo el tratante de arte (anticuario que se autodeominaba). Logramos comprar la barcaza y volvemos al hotel para prepararnos.
miércoles, abril 28
El Avispa ha sido visto en el puerto, pero ha remontado río arriba hace medio día y dicen que no regresará en 2 semanas otra vez a su muelle. Casi lo cogemos...
Nos advierten que es peligroso intentar seguir ese barco. Por lo menos parece como si aquí temiesen o no comulgasen demasiado con la gente que lleva el barco. Gracias a eso hemos conseguido esa información.
Reservamos habitaciones en el Hotel Ritz.
Una vez ahí nos acercamos al Mercado de Phranak para equiparnos para seguir al barco. La verdad es que por lo que dice Mars será duro, por lo que deberemos o conseguir una embarcación que nos remonte hasta cerca del templo (que aún no sabemos dónde se encuentra) o comprar camellos y algún guía... aunque personalmente creo que eso nos retrasará tanto que cuando llegemos no habrá nada que hacer por Marcus.
La gente nos rehuye... y supongo que Rushir tiene mucho que ver. No ha parado de insistir machaconamente ante cualquiera de los comerciantes de que quiere una embarcación para perseguir la Avispa.
Además, no nos quieren vender nada... ni un mísero camello o una simple cantimplora.
La situación es algo desesperada.
En una de las tiendas (un anticuario de arte egipcio antiguo) logramos convencer al dueño de que necesitamos una barcaza y éste nos dice que quizá conoce a alguien, pero que necesita saber a dónde queremos ir.
Después de mirarnos mucho le enseñamos el plano del templo.
Pone cara de susto y nos dice que no queremos saber nada de esa tumba maldita. Al presionarle un poco nos suelta, temblando, que está protegida por la Mano de Apofis (se dedican a perseguir y matar a expoliadores de arte), una orden de hechicería muy antigua que está en guerra con los cultitas del Templo de Ra.
No echa rápidamente de su tienda, aduciendo que no quiere problemas con nadie. Nos prohibe volver y nos asegura que nadie nos ayudará en Alejandría.
Volvemos al hotel.
Los primeros rayos del día han traido unas aguas más calmadas que me han animado a subir a cubierta.
El olor a suciedad, pescado y mar es insoportable pero lo que he visto ha sido la alegría de estos últimos 13 días:
Estamos en el Nilo y a lo lejos se ve una ciudad, que el capitán ha señalado como Alejandría.
Le pedimos que al entrar en el puerto se acerque lo más que pueda a todas las zonas de atraque para ver si logramos avistar la Avispa. No hay rastro.
Desembarcamos rápidamente y nos despedimos del capitán.
A pesar de este viaje infernal soy optimista. La cosa parece acelerarse. Es emocionante por lo menos.
martes, abril 20
Hasta escribir estas cuatro líneas me cuesta mucho.
La comida es pésima, el agua sabe raro y el mar está embravecido.
Menos mal que eso significa que iremos más rápido de lo previsto.
Así que si no pasa nada lo dejaré hasta que avistemos Alejandría.
domingo, abril 18
Tres días sin salir del cuarto común gracias a los vómitos, mareos y fiebres que he sufrido.
Hoy me encuentro algo mejor, pero no quiero tentar a la suerte. He salido un poco para ver el cielo y estaba plomizo, chispeando y amenazando con lluvia más fuerte.
El capitán y Rudder como si nada. Los demás algo tocados animica y físicamente.
jueves, abril 15
Primer día en el barco y ya ha comenzado la mala mar.
Mareado yo y Anthony... y no somos los únicos.
El que parece no sufrir nada es Rudder.
miércoles, abril 14
Ya estamos embarcados en un barco pesquero, atrotinado y mal mantenido.
Al llegar a Tesalónica nos pusimos a buscar desesperado un barco cualquiera que nos acercase a Egipto por lo menos. Después de mucho vagar por el puerto (que además no era nada grande ni bullicioso) encontramos a un pescador que sí está dispuesto a acercarnos a Alejandría por una cantidad tan indecente que nos lo pensamos mucho.
Además, el barco estaba en bastante mal estado, sin compartimentos aislados, sino una sola sala común para marineros y pasaje a parte de la cocina y la bodega de carga.
El dinero que pedía su capitán era tal que al final he tenido que ponerlo yo de mi bolsillo. Todo sea por el bien de la misión.
Se nos dice que con vientos favorables y no demasiado oleaje estaremos en 15 días. Los técnicos del grupo (Rudder y Wallace) nos dicen que la Avispa podría llevarnos en el momento de llegar a Alejandría 3 días de ventaja.
El barco es peor de lo que parecía por fuera. Mars tiene que encargarse de lanzar diversos hechizos para que no hayan vías de agua y para asegurar mejor el casco. Para más inri he tenido que dejar todo mi equipaje menos lo que llevo puesto en Salónica, abandonado en el tren destino a Atenas para que no sospechasen nada.
Comienza este viaje al infierno.
martes, abril 13
No hemos encontrado barco que quiera llevarnos: nos han reconocido en todos sitios a los que hemos ido como los extranjeros que persiguen la Avispa.
De todas maneras, Rudder ha visto a las afueras un dirigible. Parece ser que la prima de Chavalier se ha metido en algún lío con el hijo del Sultán de la ciudad y que han propuesto una carrera hasta el Cairo: la señorita irá en el dirigible y el hijo del sultán en coche.
Rudder propone participar, pero entre todos le convencemos de que no se involucre en líos de faldas (nada más nos faltaba eso para estar a mal también con alguien tan influyente como el sultán).
Decidimos coger un tren para Atenas, con la intención de bajar sin que nos vean (por si nos están persiguiendo) en Tesalónica.
El tren sale mañana a primerísima hora. Así que volvemos todos al hotel y nos preparamos para mañana.
Ante la imposibilidad de conseguir pasaje en Constantinopla y la premura por seguir a la Avispa hasta Alejandría, Mars, Wallace y yo vamos a intentar conseguir alguien que nos lleve hasta Creta, Chipre o similar. Para enlazar allí con Constantinopla.
lunes, abril 12
Mars se ha emborrachado y no ha podido ser él quien hablase con Lebon.
Al final ha sido Chavalier, lo que creo ha sido una suerte; es mucho más educado y aunque me sepa mal decirlo menos rudo que Mars.
Dice estar de nuestra parte que por nuestra propia seguridad que regresemos, que esta gente juega muy duro. Dice que Marcus van Campen está vivo, que intuye que es un mago que intentaba averiguar cosas del ritual de reseurreción sin abrirlo y que por eso ha sido secuestrado... porque sabe usar el ritual. Nos advierte que si seguimos en esto que mejor no abrir el sarcófago pase lo que pase.
Dice que van a Alejandría. Así que por la mañana toca ir a buscar pasaje para allí.
A la hora del té, se decide que Mars irá a aduanas e intentará averiguar la ruta que tiene prevista seguir "La Avispa". Al cabo de 1 hora vuelve cariacontecido. Resulta que Rudder (que ha ido con Mars) mensiona de pasada el nombre del barco, se encuentra con un muro de excusas. Es más, no logran encontrar ningún barco que quiera seguirlo ni que nos lleve.
Parece ser que los musulmanes o quien esté detrás de ellos ha echo girar las tuercas y está intentando dejarnos aquí.
Nuestra última carta la jugaremos esta misma noche, cuando Mars se enfrente con Lebon en un duelo.
Lastimoso, pero ha sido la única forma que ha tenido de acercarse a él.
Esperemos que sea más bueno que Lebon en el arte de la esgrima.
Hemos llegado a Constantinopla.
¡Qué ciudad más sucia y olorosa!
Al llegar a la estación nos coordinamos en dos grupos para seguir a quienes se interesasen por las cajas, mientras el otro grupo va a alquilar habitaciones en un hotel de Constantinopla. Casi al final, desesperados, se acercan sendas personas con carros y cogen cada uno de ellos una de las cajas, para subirlas con la ayuda de unos pocos nativos.
Y sorpresa, uno de los carromatos está conducido por Michael Crayton, ese americano que se dedicaba a viajar por Europa. Arrancan los dos coches más o menos al mismo tiempo.
Salimos corriendo trás de él Chavalier y yo, pero mi forma física no es tan buena como la de él, que es el único que logra engancharse a la parte trasera e intentar abrir la caja. Decepción porque se trata de una moto.
Volvemos a la estación y nos quedamo esperando a ver qué hacen con la otra caja. Veo que la gente que lo está cargando lleva turbantes. Al finalizar su carga, Rushir, Chavalier y yo cogemos un taxi y a base de enseñar los billetes y de "untarlos" un poco logramos superar la barrera del idioma. Aunque me sienta algo "sucio" es necesario si queremos salvar al pobre Marcus van Campen.
Al cabo de 10 minutos de sortear callejas y transeuntes llegamos al puerto. El carro se para delante de un barco con nombre musulmán de tres palos y seis remos por cada borda. Como no entendemos el nombre lo copio lo mejor que puedo para enseñárselo más tarde a Jean Philip Mars, que es el que entiende el idioma.
Al pararnos y bajar para observarlos más de cerca, nos vemos rodeados de un montón de chiquillos turcos, que piden dinero. Yo suelto unas pocas monedas lejos de mí y me acerco un poco más al barco. A Chavalier le roban la cartera, pero no ve quien ha sido por lo que poco podemos hacer.
No sé cómo pero algunos de los tripulantes comienzan a señalarnos; la tripulación comienza a hacer movimientos a los otros barcos, y a gritar, así que cojo a Rushir y a Chavalier y nos montamos en el taxi y salimos hacia el hotel.
Al llegar le enseño el dibujo del nombre a Mars y dice que se llama "Avispa".
Además, nos informa que parece ser que Louis Lebon (otro de los pasajeros del Orient Express en el que no me he fijado demasiado) parecer tener algo que ver con los musulmanes que perseguimos. Y resulta que se aloja en nuestro hotel. Mars se ofrece a sacarle información, a lo que el resto accedemos aunque yo puntualizo que no use la fuerza si no es necesario.
Al final regresaron del castillo de Vlad Dracul, aunque no todos como nos temíamos. Falta 2 personas que no concíamos y la chica joven de la pareja. Nicolette y Rudder están sanos y salvos aunque no nos cuentan nada de lo que ha pasado allí.
domingo, abril 11
Tenemos a un inconsciente en la Sociedad.
Recapitulo para no dejar nada en el tintero.
Poco después de mediodía, a las 16 horas más o menos, el tren realiza una parada imprevista en medio de esas montañas impresionantes que hay después de Belgrado.
Asomamos la cabeza y vemos al maquinista hablando con alguien que no reconocemos. Se sube al tren de nuevo y se pone a hablar con el dueño.
Al cabo de 10 minutos, el revisor informa vagón por vagón de que debido a un imprevisto, un desprendimiento en la vía a poco más de 500 metros. Nos disponemos a sufrir un retraso de por lo menos medio día.
En eso que sube una persona bien vestida y entrega al grupo una tarjeta. Es una invitación para pasar la noche con Vlad Dracul en su castillo, que no se encuentra demasiado lejos. Va entregando esas tarjetas entre los pasajeros de 1ª Clase.
Francis Rudder decide aceptar la invitación, junto con la pareja de jóvenes. Le intentamos disuadir, por la fama de la zona de estar plagada de bandidos y de desleales (hadas de la corte oscura). No hay manera.
Al final convence también a Nicolette (que logramos saber por fin porque nos recuerda tanto a Chavalier.... ¡es su prima!). Ocho personas se suben a dos carromatos y desaparecen en el atardecer, con la promesa de regresar por la mañana.
Rezo por sus almas.
A la misma hora que ayer estaba desayunando en el vagón restaurante.
Allí a parte de mí, estaba el Dragón hablando con el musulmán. Por mucho que lo he intentado no he oído nada... No han tardado en irse en cuanto ha comenzado a llegar gente.
A pesar de estar discutiendo hasta casi mediodía lo único que se nos ha ocurrido es avisar al revisor de que en esas cajas han metido una bomba o similar, aunque de momento no lo usaremos.
Al llegar a Belgrado el tren se detiene, pero como en Venecia y en Milán no nos dejan bajar. Repostan y el tren vuelve a caminar hacia su destino.
Ahí ha subido un hombre corpulento, ni muy elegante ni muy informal, de estatura media, con bigotes, rubio y con ojos azules. Una fachada muy cuidada y germánica por el acento.
Nos acercamos a él y se presenta como Oder von Blowitz, correponsal del Time famoso por realizar entrevistas a jefes de estado. Todos nos quedamos un poco parados ya que en ningún momento nos ha parecido que haya subido persona de tan alto calibre. Al preguntarle por el Dragón, nos ha respondido que es un famoso coleccionista de obras de arte y que parece tiene algún trato con un musulmán. Ya puestos le preguntamos quién es el otro musulmán, y nos dice que es un importante banquero de Turquía.
sábado, abril 10
Al mediodía hemos llegado a Milán, pero no nos dejan bajar.
Lástima. Yo quería intentar conseguir una edición rara de la Divina Comedia de Dante Aligheri, pero está visto que tendrá que ser en otra ocasión.
Allí suben dos caballeros; un italiano muy elegante junto con otro señor. No hablan y van directamente a segunda clase
Por la tarde estamos elucubrando un plan para acceder al vagón de carga donde están los dos paquetes sospechosos de contener a Marcus o a la momia, cuando Rushir, ese botarate de tres al cuarto que tenemos por socio de la sociedad, estropea cualquier plan de inflitrarnos o comprar a los vigilantes, cuando por su cuenta y sin decir nada intenta acceder al compartimento con la pobre escusa de sacar de su equipaje no sabemos qué objeto que ncesita.
Llegada a Venecia; sube otro pasajero solo de tez morena, musulmán por el gorro típico que lleva se diría que turco. En la cena ya, lo hace en compañía del Dragón. Nuestros temores de que sea el Dragón quien está detrás del complot para resucitar al Sacerdote egipcio se acrecentan, junto con el pesar por tener a tan gran rival.
Reunidos en el vagón de camarotes (lo copamos entero entre todos, excepto uno que de momento va vacío), tomamos una medida desesperada: hay que entrar en el vagón de equipajes de cualquier modo posible, ya que la parada de Venecia es la última hasta mañana, que lo haremos en una ciudad de la que no recuerdo el nombre de Hungría o Rumanía.
Con la ayuda de Bruce Wallace, se fabrica un cóctel molotov para incendiar el tejado del vagón de equipajes y en la confusión intentar echar por lo menos un vistazo o entrar.
Wallace sube al tejado de nuestro vagón y desde ahí lanza con precisión el coctel, que se estrella con un ruido sordo qeu nadie parece notar sobre el vagón correspondiente. Y esperamos a que el tren pare y se den cuenta de lo que pasa.
El tren frena de repente unos 10 minutos después. Rápidamente nos bajamos y nos acercamos al vagón de Calais. Allí diversos empleados intentan apagar el pequeño incendio antes de que se propage hasta el interior del vagón. Jean Philip Mars se adentra un poco en el vagón y sale al cabo de unos instantes con cara de preocupación, justo cuando el Dragón aparece muy nervioso. Haciendo unos movimientos extraños, y después de sentir cómo el aire se carga de electricidad estática, vemos como las llamas menguan, hasta extinguirse por completo. Nos mira como adivinando algo y se marcha al interior a grandes zancadas, no sin antes echar una bronca de órdago al revisor jefe y al dueño del Orient, que va en el tren también.
Una vez dentro dice haber visto una zona protegida por diversos hechizos de protección, lanzados por el Dragón... pero que los dos bultos sospechos no están en esa zona.
Esto supone un alivio (por no tener que enfrentarnos a un Dragón) y una pequeña decepción, ya que entonces tenemos que comenzar a investigar en los pasajeros, al estar descartados por lo menos el Dragón y el pasajero de tez cetrina que cenó con él.
Rushir, aprovechando que todo el mundo está a pie de via, viendo qué ha sucedido, se acerca al musulmán que subió en Milán, para intentar sonsacarle algo. Parace que lleva un colgante y ante la insistencia del indio por saber de qué se trata, éste le mete miedo diciendo que no es de su incunvencia y que descargará una maldición a aquel que lo toque sin su conocimiento. Con la descripción que nos ofrece del colgante está claro que se trataba de un Ankh y que le ha tomado el pelo a base de bien.
Benditos sean los dos.
Como parecer ser amigo del Dragón descartamos interrogarle. El resto de la noche lo pasamos discutiendo acciones. Al no ponernos de acuerdo lo dejamos para mañana en el desayuno.
viernes, abril 9
Estoy en mi compartimento, después de haber comido. Han pasado diversas cosas. En Laussanne han subido diversos pasajeros curiosos:
- Uno de ellos se trata de un hombre, de mediada edad, bien vestido y de apariencia turco-egipcia (tiene esa cara cetrina que tantos malos recuerdos de no hace tantos días me traen a la mente). Se ha sentado solo.
- Una pareja joven, que según a averiguado Rudder (que ha estado flirteando con toda mujer, casada, soltera o con compañía que había en el vagón-salón) son unos recién casados de Alemania.
- Una señora, casada, muy distinguida que no ha dado mucha conversación a nadie.
- Una señorita, soltera, que ha estado un momento y se ha ido enseguida a su camarote. A Chavalier esta dama le ha traido algún recuerdo. Después de acercarse ha dicho que se llamaba Nicolette. Vistos de lejos poseen cierto parecido. Han estado hablando en voz baja como si compartiesen algún secreto.
Han entrado dos pasajeros, que ya venían desde París, que sentados en mesas opuestas se han pasado toda la comida mirando insistentemente a la cocina y levantándose para ir a hablar con el camarero. Francis Ruder se ha interesado en el tema y después de eso no le hemos vuelto a ver.
Poco antes de acabar la comida uno de los caballeros ha estado discutiendo acalarodamente con el revisor (un hombre rubio de apariencia germana o austriaca).
El resto del día pienso pasarlo descansando, mientras la mayor parte de mis compañeros se lo pasan "fraternizando" con los pasajeros de primera.
A mí esto me está aburriendo. Espero que llegemos pronto a Constantinopla.
Puntual. Estos franceses están sorprendiéndome gratamente.
A las 8.30 de la mañana, entrando desde hace un tiempo claridad en mi compartimento, me levanto y me dirigo al vagón restaurante... Mis compañeros aún no están despiertos, así que me dispongo a disfrutar de unos momentos de tranquilidad y reflexión.
Después de pedir el desayuno (inglés por supuesto; bacon, huevos fritos, café, pastitas) y de fumarme unos cigarrillos (tengo que acordarme de comprar más antes de llegar a Turquía), me dispongo a escribir estas líneas y veo, para sorpresa mía que ya estamos en Laussanne (así lo anuncia un empleado). Sin darme cuenta hemos dejado Francia y estamos en Suiza. El tren comienza a disminuir su marcha.
Asomo mi cabeza por una de las ventanillas y veo sorprendido como Lord Sertharar Toradhin ha bajado del tren y está entrando en todos los vagones y volviendo a bajar para pasar el siguiente. Como si buscase algo.
Dejo de escribir esto que entran mis compañeros en el vagón y no me gusta que me vean escribir.
jueves, abril 8
Ya estamos en nuestros camarotes. Por supuesto yo me he reservado una habitación con cama individual, en 1ª Clase. Aunque para Anthony no he podido conseguir otra cosa que 2ª Clase: el tren va reservado, aunque desde Paris parece bastante vacío. El resto de compañeros comparten camarotes de 2 camas.
Antes de que el tren salga, nos asomamos y bajamos al andén, mirando por si vemos algún equipaje que puede ser del tamaño de un sarcófago, ya que después de revisar los horarios de los trenes y viendo las posibilidades de viajar a Egipto, la única posibilidad es el Orient, y éste sólo sale una vez por semana.
Allí vemos como cargan dos bultos del tamaño adecuado. Parece que teníamos razón.
El tren salió puntual (como debe ser) e inmediatamente nos fuimos al vagón salón, para ver a los pasajeros e intentar fumar y beber algo antes de irnos a dormir.
Yo me quedé en un rincón, fumando unos pocos cigarrillos. El que se dedicó a socializar más fue Rudder: nos presenta a George Crayton y a Louis Lebon, pero no recuerdo a qué se dedican ni a dónde van; estaba algo soñoliento.
Sueño que se disipó cuando vimos entrar a un Dragón en forma humana, dos metros de altura, que se nos presenta como Lord Sertharar Toradhin.
No pudiendo aguantar más me voy a mi camarote, escribo estas líneas y me dispongo a dormir, no sin antes encargar al oficial del vagón que me despierte a las 8 y media de la mañana, puntualmente.
Veremos. Es francés.
miércoles, abril 7
Temprano quedamos en la sede, ansiosos por conocer lo que había sucedido en casa de la florista, narración que debía hacer Jean Jacques Chavalier.
Éste nos narra que mediante engaños (haciéndose pasar por criado de Marcus van Campen) logra sonsacar cierta información a Gladys, la florista. Dice haber visto hace unos 3 días como algunas personas de tez oscura entraban por la puerta trasera del museo (aquella que da directamente a la sala de egiptología) mientras otras dos personas esperaban fuera, al lado de un carro bastante grande. Pasados unos minutos ve como salen acarreando a Marcus van Campen, inconsciente. Ante las preguntas de cómo sabía si era van Campen, ella contesta que lo conocía de vista y por ser cliente asíduo suya. Pasados unos minutos vuelven a entrar y sacan un bulto grande, como un ataud, que colocan en una caja de madera. La cierran y se van apresuradamente sin que nadie de la voz de alarma o cualquier otra cosa.
Después de discutir un poco el tema y de calibrar las opciones que tenemos, se nos presenta otro miembro de la Sociedad que estaba de viaje en su tierra natal y que casualmente llegó esa misma mañana. Se trata de Berhn von Grünewall, del que sólo logro averiguar que es bávaro.
Decididos a intentar averiguar algo más sólo nos resta visitar la casa de Marcus, donde se supone espera su asistente o mayordomo, Jenisse. Preparamos nuestros carruajes y enfilamos hasta la calle que nos suministró en su momento Lord Cornwallis. Para sorpresa mía y de unos cuantos de mis compañeros, vemos que la casa donde vivía Marcus está en un barrio elegante de París. Cuando nos detenemos delante de la casa, mi sorpresa es mayor ya que se trata de un edificio aislado, rodeado de un jardín por la parte trasera, de dos plantas y altillo y más opulenta de lo que se merece el tal Marcus, con toda seguridad. Salimos de los carruajes y picamos en la puerta principal. No responde nadie.
De repente me doy cuenta de que la puerta no está cerrada con llave y que detrás de la misma se oyen carreras. Francis, que parece se ha dado cuenta también, arremete con el hombro sobre la puerta y la abre de par en par y entra corriendo, seguido de Mars, Wallace y Rushil. Behrn da la vuelta a la casa, pendiente de si alguien sale o entra y Chavalier lo acompaña. Yo me quedo delante, pendiente de que nadie entre o salga y agudizando el oído. Mientras me dedico a mirar si la casa tiene sótano (que es que no) veo regresar a Chavalier y a Berhn, que me dicen que alguien ha entrado en la casa por el patio interior y escapado por el mismo sitio antes de ver quién era. Los acompaño entonces hacia el interior. Mientras subimos hacia la segunda planta, intento ver si hay rastros de Jenisse, pero no se le ve por ningún lado así que intuyo que no estaba en casa cuando el asaltante entró.
En la segunda planta se encuentra el despacho de Marcus van Campen, un santuario al estudio: decorado de forma oriental hay montones de libros tirados por el suelo, así como papeles, como si alguien hubiese estado buscando algo. Entre tanto desorden Francis Rudder parece que ha encontrado el diario de investigacón de van Campen, con casi todas sus hojas arrancadas apresuradamente. En uno de los trozos aún legibles, vemos que dice:
"... el sarcófago parece protegido por algún tipo de magia poderosa... no sé de qué tipo. Tengo que seguir investigando en ese sentido..."
Pero nada más. En las estanterías hay diversas tiras de papel pintado en rojo con rayas negras, japonés Kanji dice Mars. Las letras dicen: 'No tocar, son mis enseres personales'. Investigando un poco descubrimos allí donde no parece haber nada un doble fondo. Con la ayuda de Wallace logramos abrirlo y descubrimos diversas cosas:
- 3 libros, escritos en chino mandarín que no parecen tener nada que ver con la desaparición de Marcus o con Egipto: se trata del Libro de la Tierra, el Libro del Espíritu y el Libro de la Enredadera.
- Una caja. Dentro hay 3 recortes de períodicos que muestran las esquelas y narraciones de las muertes del Maqués de LaFayette, Robert Crayon y Philippe de Montpelier, los descubridores del sarcófago de Amenofis IV.
- Dos cartas escritas por Elise, la mujer de Montpellier a Marcus van Campen en la que le cuenta que el emplazamiento del sarcófago de Amnofis IV no es el que se ha hecho público, si no que se encuentra en otro lugar. Además, asevera que su marido estaba convencido de que no se trataba de la momia de dicho faraón, sino de un alto funcionario o sacerdote-mago de la corte. Esta mujer cree que los tres investigadores han muerto gracias a algún veneno y no a una maldición, como dicen los recortes de períodicos anteriores. Elise dice que en unos días enviará un paquete con diversos manuscritos que tenía su marido y que pueden iluminar algo más el asunto.
- Otro recorte remarca que los Hermanos de San Bonifacio son los que cuidaron en su lecho de muerte a LaFayatte. Parece ser una rama mágica dentro de la Iglesia Cristiana, encargados de expurgar la nigromancia del mundo.
Después de registrar la casa de arriba a abajo en busca de ese paquete que menciona Elise, encontramos a Jenisse en la despensa, malherido. En los últimos estertores y en medio de toses sanguinolentas logra decir que Marcus van Campen está de camino a Constantinopla.
Estando en una discusión sobre qué se hace con el cuerpo de Jenisse, nos sorprenden unos golpes en la puerta de entrada. Rápidamente volvemos a meter el cuerpo ya sin vida del mayordomo de Marcus en la despensa y Jean Jacques Mars se dispone a abrir la puerta: allí plantado hay un funcionario de correos con un paquete para Marcus. Con un poco de labia y haciéndose pasar por el mayordomo conseguimos la caja.
Nerviosos por todo el asunto decidimos irnos cuando por la puerta entran diversas personas en tromba: tez morena, como egipcios y con espadas curvas en ristre. Enfilan directamente hacia Francis Rudder que es quien lleva el paquete en la mano. Adelanto mi bastón y caen dos al suelo.
Aquí la escena se me volvió algo borrosa, era la primera vez que sacaba el estoque de su sitio y que me veía envuelto en una pelea de verdad a vida o muerte. Sólo recuerdo que Rudder sale corriendo con la caja metiendo empellones, mientras los demás pinchan un poco a los extranjeros, y se mete en uno de los carros. Después de hacer huir al resto salimos a la calle y podemos ver en la lejanía cómo elRudder pelea con uno de los hombres que logra arrebatarle la caja. Salta a tierra donde espera a sus compinches para desaparecer en la nada instantes después.
Aún mientras escribo esto me pregunto qué clase de hechicería usaron para desvanecerse en el aire.
Después de una carrera llegamos al carro donde está Rudder, algo conmocionado, pero con un trozo de papel en la mano.
Volvemos a la sede de la sociedad y allí nos explica que los asaltantes hablaban copto, por lo que deducimos que eran egipcios. Además, lo que se ha podido salvar del paquete es una especie de plano de un templo. Ponemos en común todo lo que hemos recogido y llegamos a la conclusión de que Marcus poseía información sobre algún ritual impío de resurrección, que estos egipcios estan intentando usar para resucitar a un sacerdote momificado, que todo el mundo tomaba por Amenofis IV.
Todo apunta a Egipto, esa tierra ahora en manos de los franceses, maldita y llena de escorpiones (humanos y no tanto).
Aún a pesar de mis reticencias se dedice ir allí para rescatar a Marcus van Campen e intentar desbaratar el plan. Ya estamos suficientemente mal sin necesidad de resucitar a un sacerdote o algo peor.
La manera más rápida de llegar a Egipto es el Orient Express, via Constantinopla. Hoy es miercoles y el tren sale el jueves a las 20 horas de la noche. Anthony se encarga de preparar las maletas y dinero en efectivo que podamos necesitar para el viaje.
El resto de compañeros de la sociedad se encargan de aprovisionarnos adecuadamente.
Nos vamos a domir y mañana será el día.
Por fín empiezo a viajar.
martes, abril 6
A la mañana siguiente estaba en la sede de la sociedad desde las 7 de la mañana, pendiente de todos los detalles, para que Lord Cornwallis no tuviese queja de la reunión. Nervioso y esperando, comenzaron a llegar todos los miembros de la sociedad, de cuyos nombres casi ni me acuerdo a excepción de los que ya describí ayer. Menos mal que incluso el hindú se adecentaron un poco para la ocasión, e incluso se quitó el turbante.
A las 9 en punto, con precisión inglesa, se acercó Monseiur Gallimard al salón principal anunciando que Lord Cornwallis estaba esperando. Le dimos órden de que lo hiciera pasar sin más dilación y después de saludar a todos los miembros y repartir una tarjeta de visita, se sentó, esperó a que todos callasen y comenzó a hablar:
"Verán señores, voy a ser claro, rápido y conciso. Necesito que encuentren a un amigo mío que desapareció hace unos días. Se trata del capitán Marcus van Campen. Marcus estaba preparando una exposición en el Louvre sobre algún descubrimiento hecho en Egipto cuando desapareció sin dejar nota ni aviso. La verdad es que estoy preocupado por él. La policía no hace nada y por ello acudo a ustedes. Yo estaré con mi señora en París una semana más, disfrutando de nuestra luna de miel, saliendo hacia Venecia luego. Si necesitan más datos dispongo de unos 15 minutos para ello."
Varios miembros hacen diversas preguntas sobre el caso. Entre todos logramos averiguar algunos datos más.
- Marcus van Campen, según dice Chavalier, es de ascendencia Bávara y salió en los periódicos hace dos días, cuando se anunció su desaparición. Dice tratarse de un noble menor que sirvió en el ejército bávaro como Guardia Real en las diversas batallas que desde hacen unos años realizan contra Inglaterra. Despareció durante unos años en no se sabe dónde, para reaparecer hace uno en París, donde consiguió un puesto en el Louvre.
- Nos da referencias sobre el director del Louvre, para que vayamos a preguntar si creemos que sea necesario.
- Nos dice que Marcus se alojaba en una casa, en el 28 de la Rue de Brion. Su asistente en Monseiur Jenisse.
- Al ser preguntado sobre su vida sentimental, nos dice que su prima, Mademoiselle Elisabeth de Cornwallis, está muy preocupada por su desaparición. Chavalier piensa (nos lo dice cuando Cornwallis se ha ido) que ese es el motivo de que Marcus estuviese intentando labrarse un porvenir, el impresionar a Elisabeth y poder pedir su mano en un futuro no muy lejano.
Antes de despedirse e irse, Lord Malcom A. Cornwallis nos advierte:
"Me gustaría que todo este asunto se llevase con la máxima discreción. No quiero que mi nombre y el de mi señora se viesen en ningún aspecto mencionados. Ahora, si necesita mi ayuda no tienen más que enviarme una carta o un aviso y si está en mi mano les ayudaré. Como podrán comprender el momento actual es para mí delicado y no quisiera que mi señora sufriese por incidentes sin importancia o molestias. Por supuesto que serán recompensados convenientemente. Lo dicho, ha sido un placer y espero buenas noticias lo antes posible".
Estábamos intercambiando impresiones cuando Monseiur Gallimard vuelve a interrumpirnos, diciendo que hay una dama que pide poder hablarnos. Todos nos quedamos algo atónitos ante la noticia, ya que no esperábamos a nadie más. Se le dice que la haga pasar y vemos a una mujer joven, en la veintena, muy bien vestida y que se presenta como Lady Alice R. Cornwallis. Nadie dijo comentario alguno, en espera de que Lady Alice hablase y dijese lo que hacía aquí.
"Verán señores, esta situación es para mi muy delicada. Entiendan que sé feacientemente que mi señor esposo ha estado aquí esta misma mañana, pidiendo que busquen a una persona. Les ruego que me digan si es esto cierto y si tienen intención de hacerlo."
No recuerdo quien habló para negarlo, a lo que Lady Alice dijo:
"No intenten engañarme. Sé que mi marido ha estado aquí esta mañana, para pedirles que busquen a cierta dama".
Jean Philip Mars habló y le dijo muy educadamente que sí, que su señor esposo estuvo esa mañana en la Sociedad pero que en ningún caso pidió que buscásemos a dama algo.
"¡Oh! Lo siento, soy una estúpida. Perdónenme y olviden lo que he dicho, por favor, señores. Sean caballeros y olviden que he venido." - ruborizada y azorada Lady Alice, sin más se levantó y se fue.
Antes de que se desvaneciera el semblante de sorpresa que debíamos tener todos, oímos ruidos, golpes y gritos en la entrada principal. Sin pensarlo demasiado me levanté a ver qué estaba pasando, temiendo que hubiera habido un percance con Lady Alice antes de salir de la casa. Allí vi como un hombre de unos 35 años, espada en ristre, bien vestido pero no a la moda francesa ni inglesa, gritaba en un idioma extranjero que no logré entender. Monseiur Gallimard intentaba retenerlo para que no siguiese entrando en el hall principal, pero a duras penas podía contenerlo. Al vernos, se zafó de Gallimard y llevándose la mano al pomo de la espada gritó en un francés bastante malo y con acusado acento foráneo:
"¡Sé que esconse aquí, ese felón! ¡Entregádmelo ahora mismo si no quereis probar mi acero toledano!"
Chavalier se lleva la mano a su espada también y de manera desafiante le conmina a explicarse. ¿A quién busca aquí? La respuesta llega enseguida, pero sin asomo de miedo en sus ojos ante la amenaza de Chavalier, que por lo que tengo oído es un excelente espadachín.
"¿Me tomais por estúpido? Entregadme a Lord Malcom de Cornwallis ahora mismo. Sé que ese cobarde se esconde en esta casa."
Con miradas nervisosas (esto ya comenzaba a parecerse a una opereta o a una tragicomedia de las malas), entre Jean Philip Mars y yo calmamos como pudimos a este caballerete, asegurándole que no había nadie en la casa y que no sabíamos de qué estaba hablando ni de quién se trataba esa persona a la que decía escondíamos. Tuvo que hacer efecto, porque su azoramiento disminuyó se avino a pasar al salón y a hablar como caballeros. Ante esa mención, el hombre se estiró todo lo que pudo, poniendo cara de interesante. Se sentó en una butaca y cuando todos nos reunimos a su alrededor se explicó como buenamente pudo en un idioma que se notaba a la legua no era el suyo.
"Soy Don Diego de Aranzadi, caballero de la Orden de Calatrava, a vuestro servicio. Perdonen estas malas maneras pero estaba seguro de que aquí se escondía Lord Cornwallis, ese felón, malechor y mal hombre donde los haya. Ese ser perverso que ha roto el corazón de cierta dama, por la que debo luchar y lucharé contra él, en duelo a muerte, si no es que sale huyendo como hace desde unos días. Por eso mi irrupción y por ello mis disculpas a todos ustedes. Si lo desean les cuento la historia."
Asentimos al unísono.
"Verán, hace unos años Lord Cornwallis sedujo a Mademoiselle DelaCroix. Tuvieron un apasionado romance, en el que se aprovechó de ella. Al poco se cansó del tema y la abandonó. Yo tuve que consolar a la dama y prometerle que impondría justicia ante tamaña felonía. Pero como no supe más de este caballero lo dejé un poco apartado. Hasta hace unas semanas en las que salío publicado en diversos periódicos que Lord Cornwallis se casaba; DelaCroix abandonó el país rumbo a la India. Por eso me he dedicado a seguir a Cornwallis, ansioso de vengarme de él. Ruego acepten mis disculpas. Les creo cuando dicen que no está aquí. Voy a seguir buscándolo para imponer justicia. Muchas gracias por escuchar mi relato y de nuevo, ruego me disculpen."
Creo recordar que Mademoiselle DelaCroix es una actriz o ha sido una actriz famosa. Después de hablarlo con mis nuevos compañeros de Sociedad ponemos en claro y en común diversas cosas sobre ella:
- Los últimos 5 años ha sido la actriz de moda en Francia; actuando en obras de teatro sobretodo, aunque alguna aparición ha realizado en operetas y musicales.
- Que desapareció un tiempo indeterminado, a raíz de una visita algo extraña que tuvo. Parece ser que se trató de un monje nepalí, del Tibet, que la estuvo instruyendo en la religión de esas remotas montañas. Le interesó mucho y comenzó a practicarla.
- Las habladurías dicen que tuvo un romance con Cornwallis pero que por su nueva religión éste la abandonó, motivo por el cual ha desaparecido recientemente.
Nos ponemos de acuerdo en que hay que avisar a Lord Malcom A. Cornwallis de que Don Diego está buscándolo para retarse con él en un duelo a espada; así esperamos ganarnos un poco más su favor. Chavalier le resta importancia al asunto y dice que Cornwallis es un espadachín legendario y que Don Diego no tiene que llegarle ni a la suela de sus botas.
Después de comer en la Sociedad, nos ponemos de acuerdo para acercarnos al Louvre, para hablar con el director a ver si sabe algo de Marcus. Allí nuestro guía es Bruce Wallace; no en vano ha estado trabajando para este museo en una exposición sobre DaVinci y según me cuentan los compañeros es un ingeniero competente. Después de deambular por varias salas y hacer diversas preguntas, Bruce logra hacer salir al director del Louvre que se queda bastante sorprendido de verle acompañado de tanta gente. Philip Mars se adelanta al torpe intento de Wallace de comenzar hablar con el director, soltando una berborrea que habría aburrido al más educado de los hombres. Ante nuestra sorpresa el director de enfada bastante:
"Ese ladrón, ese van Campen. ¡No quiero oir ni hablar de él! La sola mención de su nombre me pone enfermo. Confié en él y me ha pagado robando la momia... ¡con sarcófago y todo! Váyanse, por favor. No tengo tiempo que perder con ustedes. No hacen más que molestar."
Entonces Wallace reaccionó y logra con un poco de torpeza hacerle ver que sólo quieren ayudar, sin mencionar el nombre de Lord Cornwallis y que el motivo real no es la momia si no encontrar a Marcus van Campen. Entonces el director se explaya algo más.
"Verán, Marcus llevaba al cargo de la sala egipcia desde hace unos pocos meses, como lingüísta experto el pictogramas egipcios. La verdad es que se le veía muy docto en la materia y como todos los compenetes del grupo original que encontró la momia estaban muertos, confié en él. La verdad es que todo avanzaba bastante rápido y la exposición del sarcófago de Amenofis IV estaba muy avanzada. Seguro que LaFallette hubiese estado de acuerdo en que todo iba por buen camino. Pero, ¡ay! Creo que confié en demasía en Marcus y no me fijé demasiado en que estaba planeando robar el sarcófago y la momia. Hará dos días, cuando vine a la sala para ver cómo iba todo vi que no estaba. ¡Se había llevado mi momia! ¿Y qué hago yo ahora que la exposición está anunciada para dentro de 3 días? Estoy desolado, desolado."
Le preguntamos quién está al cargo y nos dice que el Comisario Dutruel, pero que en ese momento no se encuentra en el Louvre, pero sí ha dejado diversos gendarmes vigilando que nadie pase a la sala. Le rogamos que nos deje pasar a echar un vistazo, que estamos muy seguros de lo que hacemos y que podríamos intentar ayudarles a encontrar a Marcus por nuestra cuenta y sin cargo alguno monetario. Ante esa mención y creo que sopesando que la exposición es dentro de tres días, accede.
"Sólo porque conozco a Wallace, pero por favor, no toquen nada. No quiero problemas con el inspector por esto."
La sala es bastante grande, magnífica en su opulencia extranjera y llena de vitrinas y estatuas de mediana altura que representan a los dioses egipcios: en forma de chacal, de gato, de toro, etc. En medio hay un pedestal de unos 15 centímetros de alto vacío, rodeado por las típicas cuerdas rojas que delimitan el lugar hasta el que se puede uno acercar. Después de mirar un rato y observar con atención nos quedan claras varias cosas:
- Que al estar en la planta baja cualquiera de las dos salidas son factibles como lugar de escape. Una delantera, que da a la plaza y por donde sin dificulta podría sacarse un sarcófago de esas medidas entre varios hombres, y una trasera, algo más pequeña que está cerrada con llave.
- Al lado del sarcófago, debajo del tapíz que recubre la repisa Mars encuentra un bastón. Después de examinarlo detenidamente resulta ser la funda de un estoque, con el nombre de Marcus van Campen en su empuñadura.
Eso nos da qué pensar: ¿Marcus dejaría tirado ahí su bastón-estoque o es que tuvo que irse precipitamente? ¿Quizá tuvo que huir y el robo no lo hizo él? ¿O es que alguien lo atacó, usó su estoque y de alguna manera se llevaron a él y al sarcófago con momia incluida?
Le pido a Wallace que abra la puerta trasera, para ver que hay al otro lado. Sin demasiado esfuerzo logra abrirla; da a un pequeño pasillo y más allá otra puerta, esta abierta que desemboca en uno de los laterales del Louvre. Mientras mis compañeros siguen en la sala rebuscando más posibles pistas que la policia no haya encontrado, salgo al exterior y busco con la mirada cualquier cosa. La verdad es que la calle a la que da es amplia, arbolada y sin adoquinar, pero no veo nada anormal. Busco en el suelo y veo unas marcas de ruedas que salen de la calle y desembocan en la avenida principal, donde se pierden en los adoquines. Supongo que fue por aquí por donde sacaron el sarcófago y por eso quedaron marcadas las ruedas sólo en la salida y no en la entrada.
Al otro lado de la calle, cerca del río Sena, veo a una mujer madura, mal vestida, pero con una belleza aún resplandeciente en el rostro que vende flores, con su canasto de cáñamo en bandolera. Me acerco a ella con paso galante, dispuesto a averiguar si es su lugar de venta habitual, mientras ella ofrece ramos de rosas a los poco receptivos transeuntes.
Con palabras galantes y la compra de unos ramos de rosas rojas para una supuesta amante, logro engatusar a la dama para que confiese que sí, que es su lugar habitual y que sí vió algo raro hace dos días salir por la puerta del museo. Me pregunta estrañada porqué quiero saberlo y sin saber qué decirle le digo que soy de la policía secreta de París. Momento en el que todo mi trabajo se vino a bajo, ya que se negó a decirme nada más, supongo que por miedo a que la denunciase o algo por el estilo. Me temo que no tiene permiso para vender y por eso se asustó. Me disculpo como puedo y le aseguro que no era mi intención molestarle y que simplemente soy amigo de un desaparecido. No veo que se quedo muy convencida así que me retiro, dispuesto a contarles lo que pasa al resto del grupo.
Dentro ya del museo les pongo al corriente. Chavalier dice que él va a intentar algo. Que nos vayamos a la sede de la Sociedad para que cuando él acabe de hablar con la florista pueda contarnos lo que ha pasado.
Así que nos vamos a la sede, siendo la noche del domingo al lunes. Dejo el resto de la narración para mañana por la mañana, unas horas antes de coger el Orient Express, para terminar mi narración con todos los hechos de esa noche y del lunes.
lunes, abril 5
Escribo esto a pocas horas de embarcarme en lo que creo será una gran aventura. Tenemos todos reservado pasaje en el Orient Express, rumbo a Constantinopla, para la noche de mañana miercoles.
Dejé mi narración con la presentación de los miembros más prominentes o activos de la Sociedad Enigma. En ese mismo punto la retomo, no sin antes comentar que las idas y venidas que se sucedieron a lo largo de ese y el siguiente día no me causaron buena impresión; no sé si la etiqueta parisiense es mucho más relajada que la inglesa, pero lo que sí puedo asegurar es que el mayordomo no parece desempeñar de manera rigurosa su trabajo. En ningún caso debería haber dejado que sucediesen los hechos tan vergonzosos del sábado...
Pero me estoy adelantando mucho.
Estábamos reunidos en el salón principal, yo con mi mano extendida, entregando la carta de solicitud de entrada a la Sociedad, cuando Monseiur Galliamard nos interrumpió con un carraspeo seco antes de que el Philip Mars pudiera siquiera abrirla. Sin verguenza habló, anunciando y entregando una tarjeta de visita. Mars se quedó mirando la misma y le dijo que hiciera pasar al visitando inmediatamente. Disculpándose conmigo anunció al visitante y nos pasó a todos la tarjeta. Mi sorpresa fue mayúscula al oir el nombre, más si cabe cuando leí el troz de cartón impreso: Malcolm A. Cornwallis, Earl de Wimshire. Creo que no hay hombre más famoso en toda Inglaterra, después del Rey, que Lord Malcolm Cornwallis: su poder político es legendario y su reciente boda lo ha hecho más notorio si cabe. Aunque estaba invitado a la misma, al saber que Lord Richard Pyton también, decidí presentar mis escusas por motivos de salud y no asistir; no tenía ganas de sufrir las hirientes chanzas de Lord Pyton en público.
Me levanté y fui uno de los primeros que estreché la mano de Lord Cornwallis... que para mi sorpresa parecía algo falto de aplomo; azorado y como con prisa extrema. Algo no iba bien. Después de rehusar tomar un té y de sentarse siquiera, nos miró a todos de hito en hito y dijo:
"Necesito la ayuda de su Sociedad. Aunque ahora no puedo contarles nada del asunto; sólo querría saber si estarían dispuestos a ayudarme a encontrar una persona y a esclarecer un pequeño misterio. Es lo único que necesito por el momento: un sí o un no."
Aunque yo no podía decir nada dado que aún no estaba admitido oficialmente en la sociedad, vi como Jean Philip Mars asentía y respondía que sí.
"Perfecto, entonces me gustaría contarles los detalles mañana, a la hora del desayuno. Ahora si me disculpan, tengo algo de prisa"
Tuvimos treinta minutos para discutir por encima qué asunto sería ese y estar de acuerdo de que fuese lo que fuese no era algo de dominio público: nadie había leído nada sobre Cornwallis mas que su reciente boda con Lady Alicer. A continuación votaron mi ingreso en la Sociedad con un curioso sistema de bolas blancas y negras: obtuve mayoría absoluta de bolas blancas, no sé si porque me consideran un futuro miembro valioso o por mi dinero.
Antes de irme a casa pasé por las cocinas, con la intención de hablarle a Monseiur DeBussy; no quería que la cocina francesa perturbase el paladar de Lord Cornwallis por la mañana. Tarea que me resultó realmente desagradable, ciertamente, ya que se comportó de manera pedante, sin casi mirarme y con muecas desdeñosas.
Me fui para casa y me dije que a la mañana siguiente regresaría algo más temprano para cercionarme de que todo estuviese a punto.
viernes, abril 2
No he podido esperar más y esta misma mañana he ido a la Sociedad Enigma para presentar mi carta de admisión, y ha sido toda una experiencia. No me imaginaba que esto iba a ser así. Espero acordarme de todo lo que ha pasado porque quizá sea importante para los sucesos futuros.
Por la mañana temprano me acerqué a la sede de la sociedad, para hablar con Jean Philip Mars antes de entregar la solicitud; temas sin importancia como lo que se esperaba de mi, las cuotas de ingreso y todos esos temas más mundanos en los que en su momento no pensé. Al estar tan temprano me fue presentando uno a uno a los miembros que iban llegando para debatir a mediodía sobre mi entrada.
Paso a describirlos someramente, junto con mis impresiones del momento.
Primero entró un hombre bastante pintoresco. Era Francis Rudder, al que se me presentó como famoso marino. Su tez atestiguaba meses en alta mar de curtida que estaba. Bajito y calvo por completo no es hombre de demasiada palabra. Saludó y se dedicó a sus cosas.
Más adelante entró un hombre con turbante. Alto, fornido y con esa típica barba de los nacidos en la india; larga, encrespada y llenada de hebras blancas. Su tez era muy oscura, casi se diría que tiene parentesco con la raza negra. La primera impresión que me transmitió es de un ser piojoso y con pinta de pueblerino. Aún y todo se me presentó como el hijo quincuagésimo (o más) del Majarajá de Kapurkala. Así le va a ese país; guerras por la independencia del único país que podría poner algo de orden en su terrible sociedad. No sé si con el tiempo tendré que cambiar de opinión sobre esta persona... pero para empezar, Rushil (que así se llama) no me da confianza alguna. Dice haber estudiado nuestro idioma en la Universidad de Oxford pero tiene verdaderos problemas de dicción.
Bruce Wallace tampoco me causó una impresión favorable. Unido a su ascendencia escocesa, tenemos sus aires de superioridad. Parece que se las da de inventor e investigador de DaVinci. Vamos, un ingeniero que en lugar de crear cosas nuevas y aprovechar lo que nos han enseñado nuestros ancestros, se dedica a copiar descaradamente al mejor sabio de todos los tiempos. Es un hombre alto y ancho de hombros, con el pelo rubio.
El que sí me ha causado muy buena impresión, a pesar de su aspecto amenzante, es Jean Jacques Chavalier, un noble francés. Su faz no es de lo más agraciada, ya que arrastra una nariz rota y torcida y la falta de uno de sus ojos, que tapa con un parche elegante. Es bajito, delgado, joven y muy elegante; destacan sus patillas largas y encrespadas, que tapan por completo sus orejas. Me ha parecido una persona muy inteligente y por lo que me ha comentado "soto voce" Jean Phlip Mars, es bastante rico.
el escritor
inglés de pura cepa | elegante | con pelo blanco y largo | un paraguas, un monóculo y un cigarro son compañeros inseparables | es observador | su vicio es fumar en todo momento | odia la ignorancia y la falta de educación | valora por encima de todo el honor | le encantan las mujeres y los buenos libros | su posesión más preciada es su biblioteca privada | es muy inteligente y educado | ha estado casado dos veces | está desencantado de la vida y quiere conocer mundo
entradas antiguas
la Sociedad Enigma
Jean Philip Mars, explorador y socio principal
Francis Rudder, marino libidinoso
Rushil, hindú maleducado
Bruce Wallace, ingeniero con pocas ideas
Jean Philip Chavalier, noble ilustrado
Berhn von Grünewall, bávaro misterioso
créditos
diseñado por: w4rnawarni y Monty