miércoles, marzo 31

El día se ha levantado gris, lluvioso y húmedo, lo que me he hecho recordar a Mallory, mi difunta primera esposa.
Cuánta añoranza, cuánta tristeza al recordar el poco tiempo que pasé con ella antes de que unas fiebres me la arrebataran.

En medio de Londres, con todo el dinero a mi disposición y los mejores médicos al alcance de la mano y no pude hacer nada para salvar. Nada en absoluto. Sólo mirar cómo se iba apagando poco a poco, en medio de sudores, fiebres y delirios. Una procesión de médicos, sanadores, curanderos de Europa y de medio mundo no sirvieron para nada mas que para retardar la agonía un poco más. No sé si me lo habrá perdonado, porque el sufrimiento que se le veía en la cara clamaba por el cese del castigo que, entre todos, le estábamos infligiendo. Hace ya 15 años, pero aún hoy día sigo preguntándomelo, torturándome sin descanso. Otro signo de la decadencia de esta civilización, que en lugar de mirar por la salud de sus ciudadanos ilustres malgasta el tiempo en "adecentar", o intentarlo, a los países parias del mundo, que harían mejor en quedarse donde están, ante la vista de lo que se les avecina.

Tengo que quitarme de encima este pesar y este abatimiento. Saldré a pasear a la orilla del Sena, sin que me acompañe Anthony. Esta carga es sólo mía y sólo yo tengo que soportarla.

Lord Brian Vance 14:21 ::

martes, marzo 30

Es un lugar curioso la Sociedad Enigma. Me espera algo más "esotérico" o algo más "aventurero", pero realmente parece un club inglés donde se reune gente de lo más pintoresca.

Me acerqué en carromato hasta el número xx de la Rue St. Germain y baje ante una casa de tres pisos bastante amplia aunque algo desvencijada. Después de esperar un poco ante la puerta me abrió un hombre con librea, de lo que deduje que era el mayordomo. Le entregué mi tarjeta y le dije que había concertado cita con Jean Philip Mars. con un acento bastante afectado y francés me dijo que pasese, me permitió darle mi gabán y me condujo a una sala de espera, llevándose consigo la prenda y el paraguas.

Observé con atención lo que me rodeaba... y mis sospechas de días atrás se vieron confirmadas, por lo menos en apariencia: el lugar destilaba un ligero ambiente decadente. Había algunos desconchones en las paredes, una de las cortinas de la sala estaba algo caída, la chimenea parecía que no se había limpiado desde hacía varias semanas y las lámparas de aceite estaban apagadas aún cuando las cortinas estaban echadas, creando una atmósfera de luz ténue y espectral. Bueno, pensé resignado, ya me esperaba que mi dinero sería necesario, pero quizá no tanto.

Al cabo de un rato apareció un hombre bastante alto, con bigote y pelo oscuro y en la treintena. La cara estaba cruzada por una horrible cicatriz que le daba un aire bastante amenazador, al vestir además las típicas ropas de los exploradores africanos: pantalones bombachos de color tierra, chaleco lleno de bolsillos, cinturón y botas de montaña. Le miré algo desconfiado esperando ver a su espalda una escopeta y suspiré aliviado cuando no la ví. La verdad es que vestía de manera algo desastrosa, como si no le importase en demasía su imagen.

Me levanté y tendiéndole la mano me presenté. Resultó ser Jean Philip Mars, la persona que creía al cargo de la sociedad. Después de algunas formalidades y de que una doncella se acercase con una bandeja de pastas y té, hablamos de diversos temas.

Me contó que la sociedad era bastante reciente, unos 3 meses, y que ya contaba con bastantes miembros (no entró en detalles sobre el número). La casa estaba asistida por un mayordomo, Monsieur Gallimard; un cocinero Monsieur DeBussy; y una doncella Mademoisello Claire. Se disculpó sobre el aspecto de la misma aduciendo que no hacía mucho que casi todos sus miembros habían regresado de las Indias Orientales, donde me confesó, no sin cierto aire de suficiencia y orgullo, que habían participado en el descubrimiento de la ciudad perdida de Angkor.

Eso logró impresionarme; Inglaterra había tenido esas tierras como colonias hasta que los franceses nos las arrebataron en 18..; y tuvo que ser un francés como mi interlocutor, Henri Mouhot, quien descubriese esos impresionantes templos de Camboya. Un tanto para ellos y una anotación más para mi libro sobre la decadencia del imperio inglés.

Estuvimos cerca de dos horas hablando. Me excusé por lo tarde que era y, después de despedirnos, quedamos que podría venir unos pocos días para terminar de decidir si quería presentar mi solicitud de entrada en la sociedad.

Regresé a casa no sin antes darme cuenta de que no había visto mas que la sala donde estuvimos.
Buena señal, pensé; significa que quedé tan absorvido por la conversación que el resto no me importó nada.

Volveré la semana que viene y presentaré mi carta de entrada en la Sociedad Enigma.

Lord Brian Vance 15:56 ::

domingo, marzo 28

París parece la ciudad de la locura; quizá más decadente incluso que Londres.
El tráfico de carromatos es demencial y la educación viaria brilla por su ausencia; creo haber asistido a tres accidentes mortales de peatones en estos dos días que llevo aquí. Y sin hablar de la gente de mal vivir que puede verse a todas horas en las calles y esquinas más insospechadas. Ni la catedral de Notre-dame se ve ajena a esta plaga moderna.

Por otra parte ya he comenzado a poner orden en la casa en la que viviré un tiempo: he tirado todos los cortinajes que tenían, que me asfixiaban y cargaban el ambiente con ese olor a naftalina penetrante. Anthony los ha substituido por los cuadros que me traje de Londres: los paisajes de Thomas Gainsborough, quien pintaba sin ayudante alguno y que estuvo muy influenciado por Rubens y Murillo, William Blake del que poseo varios grabados originales que hizo para una edición especial de la Divina Comedia de Dante, los retratos de niños y jóvenes de George Romney muy influenciado por Tiziano, y de Sir Henry Raeburn, que aunque escocés supo a bien plasmar en sus habilidosos retratos sin bocetos previos la gracia de Jorge IV, motivo por el que le concedió el título de Sir.
En el salón hemos colgado el tapiz que encargué a un famoso telar de Londres en el que figura el árbol genealógico de mi familia, desde el siglo IX; además de ubicar los sillones y varias alfombras tejidas en nuestra colonia de la India.

Para mañana dejo la primera visita a la Sociedad Enigma. Espero que mis esperanzas de salir de esta monotonía que acecha en mi vida estén bien fundadas.

Lord Brian Vance 22:22 ::

sábado, marzo 27

El Orient Express es quizá una de las nuevas maravillas de este mundo.
Nunca antes había usado sus comodidades ya que nunca tuve necesidad de salir de Inglaterra.
En Calais, después de dejar el ferry, mi asistente Anthony y yo subimos rápidamente a nuestro departamento en el tren. Le dejé llevando los bultos al vagón de carga y yo me dedíqué a fumar unos cigarros que había comprado antes de salir de Londres en el vagón restaurante.

Describir el lujo del Orient Express es difícil; el que algo tan pequeño pueda albergar tantas comodidades es algo sorprendente... pero algo bueno debía de tener esta modernidad, ¿no?

El viaje se ha hecho muy corto; espero poder disfrutar de sus placeres en algún otro momento ahora que ya no estoy atado a la isla que me vió crecer. Sería agradable visitar alguna de nuestras colonias.

Con nuestro carruaje, comprado en Londres y traído a París unas semanas antes, nos hemos zambullido en la vorágine parisiense: calles empedradas que bordean el Sena, la catedral de Notre-Dame, el Louvre; todo demasiado rápido como para apreciarlo en lo que valen. Lo dejaré para más adelante.

Ahora lo más urgente es llegar a la casa que he alquilado en la otra orilla del Sena, cerca de Mont-Matre. Y adecuarla a mis necesidades, por supuesto; si de algo carecen los franceses es de buen gusto y recato a la hora de elegir la decoración.

Espero que en los próximos días me lleguen mis libros de Londres. Será tiempo de visitar con calma esta gran ciudad y de acercarme a la seda de la Sociedad Enigma, motivo último de mi llegada a la urbe más populosa del Viejo Continente.

Lord Brian Vance 23:12 ::

viernes, marzo 26

Inglaterra está en decadencia.

Me asquea mi propio país; tanta ignoracia, tanta mala raza, tanto descontrol político y tan poca mano dura. Estoy harto de esta sociedad inculta y que en pos de una modernidad mal entendida tira hacia adelante en una carrera sin control, olvidando todo lo bueno del pasado, de la decencia y del decoro más absoluto.

Estoy harto de que Lord Richard Pyton, en su afán de brillar más que nadie pisotee a todos sus iguales y realice prevendas a sus inferiores, aquellos que deberí­an besar sus botas.

No tolero esta invasión extranjera, esta caterva de alfeñiques y advenedizos venidos de nuestras colonias, que se creen en el derecho de pisar tierra patria, cuando lo que deberían hacer es inclinarse ante la corona y la grandeza de esta gran nación.

Estoy cansado de los muros de mi mansión, donde sólo quedan ya recuerdos y libros amados, y mi último familiar, Lord Anthony Vance, mi abuelo paterno, que aunque amigo y mentor es lo único que me queda en esta vida.

Yo, Lord Brian Vance, en la cuarenta y sin haber pisado el continente europeo mas que para contentar a mis dos esposas; una bienquerida pero maltrecha en su tumba de Kindong Park y otra malquerida y ya olvidada, que sólo sabe sangrar mi abundante e inagotable sabia.

Es por todo ello, y por otros motivos, que abandono mi mansión en Londres y me zambullo de lleno en Parí­s, desde donde me han llegado noticias de que la Sociedad Enigma, fundada por diversos lores de bien de mi patria, andan buscando apoyo, no ya moral ni culto, si no monetario... que aunque sea otra sangrí­a en un futuro cercano será por lo menos mi válvula para escapar de esta isla agobiante.

Hoy mismo salgo en ferry para Calais, donde un tren me acercará a Parí­s.

Veremos.

Lord Brian Vance 14:47 ::

el escritor

inglés de pura cepa | elegante | con pelo blanco y largo | un paraguas, un monóculo y un cigarro son compañeros inseparables | es observador | su vicio es fumar en todo momento | odia la ignorancia y la falta de educación | valora por encima de todo el honor | le encantan las mujeres y los buenos libros | su posesión más preciada es su biblioteca privada | es muy inteligente y educado | ha estado casado dos veces | está desencantado de la vida y quiere conocer mundo

entradas antiguas

la Sociedad Enigma

Jean Philip Mars, explorador y socio principal
Francis Rudder, marino libidinoso
Rushil, hindú maleducado
Bruce Wallace, ingeniero con pocas ideas
Jean Philip Chavalier, noble ilustrado
Berhn von Grünewall, bávaro misterioso

créditos

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